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Los estaba esperando. La calma del momento le trajo el recuerdo de su madre. Se saludaron con una mirada, sin tocarse. El nombre de la mujer es Rayo en la Noche. No es justo, porque somos hermanos. Bernardo no pudo partir de inmediato, como deseaba. En enero el Chevalier dio orden a su mayordomo de empacar el contenido de su palacete, tarea nada simple porque se desplazaba con esplendor principesco. Viviremos muy cerca del palacio del Louvre.

Puede suceder de un momento a otro. Por fin culminaba la larga lucha del pueblo para expulsar a los invasores. Se equivocaron. Su lema era: «Cada uno en su lugar, un lugar para cada uno». Y el suyo estaba en la cumbre, por supuesto.

La pobreza le daba horror. Ahora pagaban las consecuencias de su excesivo optimismo. Tendremos que disolver la sociedad en forma temporal. Creo que podremos eludir la vigilancia. Al fondo estaban los galpones de las carrozas y los establos de los caballos. Nadie le dio ni una mirada. Completaban la tenida, cuellos de encaje, pantalones blancos, zapatos de charol negro con hebillas de plata y una faja de brocado rojo en la cintura.

Buenas noches. Se desearon suerte mutuamente en nombre de Dios y se separaron. Pillados por sorpresa, los guardias no atinaron a defenderse. Se colocaron los uniformes y volvieron a la puerta del cuartel para apostarse bajo los faroles. Les ruego coloquen los sables con mucho cuidado en el suelo. No estaban para acertijos. Lamento que la fragancia no sea de gardenias.

Las llaves cuelgan cerca de la puerta. En pocos minutos los dos lograron reducir, desarmar o herir a sus contrincantes. Sangre en charcos por el piso, sangre salpicada en las paredes, sangre en los cuerpos de los heridos que eran llevados a las celdas, sangre en su espada, sangre por todas partes. Salieron del cuartel sin encontrar resistencia. Por muy conveniente que sea ese enlace, no puedo llevarlo a cabo.

Nunca fue buen partido, pero ahora equivale a un suicidio social. Necesitas una esposa a tu altura, Rafael, alguien que te ayude en tu carrera. La De Romeu apenas sirve como amante. En cambio Juliana es una mocosa mimada y su padre es un don nadie. Buenas tardes. El ruido de cascos y el alboroto en el patio alertaron a Diego, quien en esos momentos se aprontaba a salir. En menos de tres horas viajaba con Nuria y su hermana a galope tendido de vuelta a Barcelona.

El fuerte era inexpugnable. Sin embargo, la idea de que Juliana fuera a clamarle a Moncada lo sublevaba. A la hora de la verdad, pudo hacer muy poco contra la pesada burocracia del Estado. Sabe los secretos de medio mundo. Le tienen miedo.

Iremos los tres a hablar con ella —dijo Diego. Me refiero a las criadas, claro, no a los perritos. Juliana no estaba en el mismo nivel de Rafael. No alcanzaron a llegar a la puerta, la voz de Eulalia los detuvo. Acepto la oferta y agradezco su generosidad, excelencia. El notario, sin embargo, llevaba instrucciones precisas de su patrona. Eran incapaces de imaginar la suma que la matriarca estaba dispuesta a darles. Las hermanas aceptaron la cantidad estipulada sin saber que era el doble del valor real de los bienes de su padre.

El agua del mar era un espejo de plata y la luz del sol pintaba reflejos festivos en las paredes blancas de la ciudad.

Silbaban corrientes de aire y flotaba ese olor peculiar de las guarniciones militares. La humedad chorreaba del techo, trazando mapas verdosos en los muros. Cruzaron varios umbrales y cada vez una puerta pesada se cerraba a sus espaldas. Sus hijas tardaron un minuto en reconocerlo y abalanzarse, llorando, a sus brazos.

Me dijeron que debo firmar unos papeles Pudo haber ido a Madrid, pero por otras razones. No eres responsable de mi muerte. No era el momento de mencionar eso. Lo autorizaron para lavarse y afeitarse, vigilado por un guardia, y le entregaron la muda de ropa limpia que enviaron sus hijas.

Quebrantando su propia norma de separar el cumplimiento del deber de sus emociones, fue a llevarles la noticia en persona. No quiso que las hijas de su prisionero lo supieran por otros medios. Lo primero estaba incluido en sus planes, pero lo segundo le produjo un exabrupto de ira.

No era mala idea. Si quieres, puedo decirle que se vaya al infierno. Por una denuncia suya he perdido a mi padre. Por lo visto ella era una de esas mujeres que responden mejor ante la autoridad masculina. Nada de perder el aliento. La finalidad del severo entrenamiento de combate de La Justicia era que el instinto y la destreza dirigieran sus movimientos. Eso dio a Diego unos instantes de ventaja para lanzarle la cortina a la cara y brincar sobre la mesa de caoba.

No se puede andar por el mundo matando gente. Su enemigo se hallaba a su merced. Con la mano derecha se sujetaba el brazo herido, sobre la rasgadura de la chaqueta, ya manchada con un hilo de sangre. La primera fue durante nuestro memorable duelo. No tuvieron necesidad de discutirlo demasiado.

Esto vale mucho, podemos venderlos —dijo Isabel. Los libros, en varios idiomas, estaban todos prohibidos, eran de la lista negra de la Iglesia o del gobierno. Fue necesario que regresara Rafael Moncada de su odisea del chocolate para que esta historia recuperara cierta agilidad. Veremos si lo recupero. Sus gritos de socorro no llegaban al exterior, porque las gruesas paredes, libros, cortinajes y alfombras amortiguaban el sonido.

Salieron por la noche en uno de los coches de la familia, conducido por Diego. Iban en silencio, temerosas y tristes. Como sus pasajeras, estaba asustado. No era un paseo, era una epopeya. Isabel cargaba la pistola de su padre oculta en la ropa. Los peregrinos no andaban armados. Distribuyeron el espacio y los cueros y se aprontaron para una larga noche. Se ve que son gente fina. Hay muchos bellacos en estos caminos. No hay que confiar. Mejor que no vean a las muchachas. Era un hombre. Juliana lo miraba con otros ojos.

Diego deseaba que ese peregrinaje no terminara nunca. Iban en silencio, doloridos y cansados, pero contentos. Escucharon lobos por la noche y esperaban ver bandoleros en cualquier recodo del camino, pero avanzaban confiados, como si una fuerza superior los protegiera. Cruzaron bosques, extensas llanuras, montes solitarios, en un paisaje cambiante y siempre hermoso. Una noche durmieron en una iglesia y despertaron con cantos gregorianos, envueltos en una niebla densa y azul, como de otro mundo.

Se envolvieron las caras con trapos provistos de huecos para los ojos, que ya estaban pardos de polvo y les daban un aspecto de leprosas. Dejaron en el suelo unas escudillas con una contundente sopa campesina, una hogaza de pan negro y media docena de huevos.

Por fin se acomodaron con las mantas sobre la paja y se durmieron. Llevaban algo contundente en las manos, tal vez fusiles o garrotes. Una vez tranquilizados, encendieron un candil y vieron las figuras postradas sobre la paja. No se dieron cuenta de que faltaba uno, Isabel Allende El Zorro porque confundieron la manta de Diego con otro cuerpo tapado. La idea de que un leve movimiento de su dedo en el gatillo tuviera tales consecuencias apenas le entraba en la cabeza.

Al otro lo dejaron bien atado a una silla, pero no lo amordazaron, para que pudiera pedir auxilio. Se adaptaron a las rutinas impuestas por la marcha. En un monasterio les dieron tazones de chocolate dulce y espeso, que saborearon lentamente, sentados en un banco al aire libre. En el mejor de los casos, esos veteranos de guerra sin trabajo se alquilaban como mercenarios para pelear a sueldo, zanjar reyertas, cumplir venganzas, y otras ocupaciones poco honorables pero preferibles a la de bandido.

No era original, todos los gitanos tocaban canciones similares. No le cupo dudas, era la familia de Amalia y Pelayo. Se apartaron para consultarlo entre ellos. Juliana, Isabel y Nuria fueron instaladas en la tienda de las mujeres. En cambio aprendieron el uso de ciertas hierbas medicinales y a cocinar al estilo Roma.

Diego no tuvo que defender a las muchachas de lo hombres, porque la posibilidad de desposar a una extranjera no se les pasaba por la mente. Era Galileo Tempesta. Sus remedios son muy efectivos. No puedo transportar fugitivos. Aunque la sociedad secreta estaba temporalmente inactiva, ambos estaban tan atados como antes al juramento de proteger a los perseguidos.

La semana se fue en prepararse para el viaje. Muchos funcionarios administrativos estaban casados con bellas mujeres africanas, altas y orgullosas, que se presentaron a la fiesta vestidas con un lujo espectacular. Un par de baladas antiguas le bastaron para seducir a todos los presentes.

Era un arpa italiana tallada en forma de cisne. Los americanos necesitaban cada fusil al que pudieran echar mano para la guerra contra Inglaterra. Daba orden de achicar velas, amarrar lo necesario y encerrar a los animales. Por fin llegaron a las aguas del Caribe.

Las breves tormentas anteriores no prepararon a Diego y sus amigas para una verdadera tempestad. Los hombres apenas tuvieron tiempo de recoger las velas. El barco estaba tan averiado que resultaba imposible repararlo en alta mar. El cielo comenzaba a aclarar en tonos anaranjados y una bruma tenue como un velo matizaba el contorno de las cosas.

Navegaban entre dos islotes cubiertos de manglares. Y entonces vio un bulto en la bruma. Se cruzaron los aceros y a los tres o cuatro minutos ambos comprendieron que estaban cortados por el mismo molde, hechos el uno para el otro.

Ambos eran excelentes esgrimistas. Cuento con patente de corsario de Cartagena de Colombia. Propongo que nos entendamos como caballeros. Su nombre, por favor. Una hermosa dama No tomaban prisioneros, era muy engorroso. Las mujeres, que apenas tuvieron tiempo de vestirse, desfallecieron al ver en el puente a aquella banda de temibles desalmados, la sangre y los heridos. La sorpresa era siempre su mayor ventaja. Esos bandidos, mezcla de negros, pardos y blancos, resultaron esenciales en la batalla.

Los tres mil hombres bajo su mando lo llamaban boss, o jefe. No estaban acostumbrados a tratar con gente fina, dijo. Lo importante era mantenerse vivo. La suerte de ellas depende de la respuesta de su padre. Entretanto, Juliana, Isabel y Nuria pasaban por momentos desconcertantes. Las introdujeron en las bateas y las jabonaron de pies a cabeza. Las esclavas se llevaron sus ropas sin ofrecer explicaciones y a cambio les trajeron ricos vestidos de brocado, poco adecuados para el clima caliente.

Mejor no imaginar su suerte o la que las esperaba a ellas. Algunos estaban instalados con sus mujeres y chiquillos en casuchas de palma, mientras que los solteros deambulaban sin techo fijo. Diego se vio rodeado de rostros abotagados por el licor, ojos inyectados en sangre, bocas desdentadas que lo insultaban, zarpas que ya echaban mano de los cuchillos.

No les dio tiempo de organizarse. Varios corsarios se tiraron de espaldas en la playa, pataleando de risa. Diego quiso asegurarse de que en efecto era su joya. Era Jean Laffite, amable y sonriente, con la actitud de quien toma aire en un paseo, pero con la mano en su pistola.

California queda muy lejos, puede suceder una desgracia por el camino. Por primera vez Juliana pudo ver a Jean Laffite de cerca.

Era una flecha en el pecho, un dolor agudo, una herida. Estaba roja, afiebrada, sudando bajo el vestido de pesado brocado. Quiero casarme con Jean Laffite —dijo.

A Diego e Isabel les pesaba el alma, mientras ella y el corsario charlaban casi en susurros. Fueron en un bote, impulsado por cuatro remeros, que se introdujo en un laberinto de pantanos malolientes, en cuyas orillas reposaban docenas de caimanes, mientras las culebras zigzagueaban en el agua.

Varias mujeres se acercaron al atrayente corsario, misteriosas bajo sus alegres parasoles, entre ellas la esposa del gobernador. Jean y Catherine se aman. La echaba de menos. Your Comment:. Home Downloads Free Downloads Zorro pdf. Read Online Download. Great book, Zorro pdf is enough to raise the goose bumps alone. Add a review Your Rating: Your Comment:. Kingdom of the Golden Dragon by Isabel Allende. Of Love and Shadows by Isabel Allende. Eva Luna by Isabel Allende.



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